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King Crimson en el Royal Albert Hall

Recuerdos surreales de King Crimson en el Albert Hall, esperando por Buenos Aires…

Reseña y fotografía por Eduardo Cesario

King Crimson en el Royal Albert Hall

Pasaron ya 25 años de los memorables conciertos del mega grupo de rock progresivo-experimental británico, aquellos días del año 1994 sin duda dejaron marca indeleble en la audiencia local e internacional. A 25 años del Double Trio, King Crimson vuelve a Buenos Aires con un show de otro planeta.

Giros del destino, causalidades o casualidades, hicieron que tuviéramos que esperar un cuarto de siglo por su ansiado regreso, y aquí me en encuentro escribiendo estas líneas para ustedes, de manera desordenada y pasional, luego de haber podido deleitarme con dos increíbles performances de la banda en el mítico Royal Albert Hall, experiencia por definición indescriptible en todo sentido.

Así es que esta crónica de algunos hechos o percepciones dista por lejos de la exactitud u ojo fino periodístico, a punto tal que siento que pertenece a recuerdos de un sueño, una experiencia surreal.

La banda sale a escena respetando esa puntualidad inglesa tan tradicional, y allí tenemos al ensamble-orquesta que es King Crimson en el 2019: tres baterías al frente (Pat Mastelotto, Jeremy Stacey y Gavin Harrison) custodiados en una segunda línea por Mel Collins (vientos), Tony Levin (eterna base rítmica), Jakko Jakszyk (guitarra y voz) y el único miembro fundador, Robert Fripp (guitarras, teclados).

Como todo ritual de índole especial, la música comienza a sonar y el público enmudece para dar lugar a un trance musical inenarrable, donde todo suena mágicamente en su lugar y tiempo adecuados.

Será menester de una audiencia responsable y respetuosa, aceptar no filmar ni sacar fotos durante la performance (y recuerdo a un Fripp un tanto enojado señalando a algún infiel en la parte superior del recinto, ametrallado por lásers luego).

Desprendido así de tecnologías varias, y en mi caso de cámara fotográfica profesional, sólo queda un camino: la comunión con la música. Más de uno pensará que esto es un arrebato autoritario y excéntrico de Robert Fripp, pero liberado al fin de toda preocupación anexa al concierto, el disfrute del show es pleno, y rápidamente nos hace flotar en la magia del sonido…

King Crimson 2019 no es una banda predecible, ni tampoco fácil de definir. y en ese punto hay que recibir a la actual formación librándose de algunos prejuicios: en mi caso, la ausencia de Adrian Belew en la voz y guitarra. Pero es esta formación/ensamble tan dúctil que hace que pueda escuchar melodías del año 1969 con una limpieza y claridad interpretativas notables. Jakko se establece como pieza fundamental, salvo en los temas de la era “Discipline”, donde creo que el extrañar a Adrian es algo inevitable.

Los Drumsons hacen su show dentro del show. Un Gavin Harrison técnicamente impecable y por momentos furiosamente prolijo, Jeremy Stacey el más jazzero de los tres (y por momentos tecladista de la banda) y un director de orquesta anológico-electrónico, el gran Pat Mastelotto, como iniciador de las aventuras percusivas más insospechadas y experimentales. Estos tres monstruos hacen pannings sincronizados, y la música pasa de un lado a otro del escenario mediante un lo que podría definir como surround humano con una precisión tal que parecen un gran organismo vivo.

Mel Collins y su histórica contribución al viejo Rey, hace que su sola presencia sea la evocación de esos añejos viajes, infinitas melodías: su aporte es esencial en los vientos de la banda.

Tony Levin merecería por mérito propio una reseña completa, su calidad musical, presencia en el escenario y carisma hacen que sea impensable un King Crimson sin él, quien ostenta en su haber el ser el miembro actual con más años girando con el grupo (a excepción claro, de Robert). Notable es su solo durante la performance del Rey Carmesí, difícil me es transmitirla en este relato, y será mucho mejor revivirla en Buenos Aires, donde Tony es una celebridad adorada por el público local.

Cerrando ya esta trama hipnótico-atemporal, ¿qué decir del mentor de esta banda progresiva eterna, Robert Fripp? Robert está feliz y pleno, comandando los sonidos de miles de sueños desde su silla con su guitarra frippertrónica, imperturbable. No duda en pasar sus manos sobre un mellotron hecho de píxeles en su tablet, para intrerpretar en un solemne instante, quizás el más sublime del show, Epitaph, como un legado cósmico que de seguro perdurará en los afortunados que presencien los conciertos en Buenos Aires.


King Crimson se presenta la semana próxima, los días 8 y 9 de Octubre en el Estadio Luna Park. El presente relato está basado en los conciertos del 19 y 20 de Junio en el Royal Albert Hall, los cuales pude presenciar gracias al enorme amigo de la música, Pat Mastelotto.


Lugar: Royal Albert Hall | Fecha: 18-20/6/2019